Jaime Belda
El rastro del vacío

La fotografía de Jaime Belda aparece como un escrupuloso universo de calles tomadas por la ausencia. El artista retrata la desnudez de una ciudad para evidenciar el misterio de sus paralelismos de hormigón y sus perspectivas de rejas y abandonos. Surgen del reposo de sus panoramas cavilosas sillas que indagan en la distancia; hay pasillos que resuellan lejanías, un árbol que mira de reojo a un parquímetro, su gemelo, y paredes de lámina que descansan exhaustas sobre dos enérgicas piedras. La ciudad reproduce -inocente y profunda- el quehacer humano, y vive una vida al margen de él con su propia realidad. Las imágenes transcurren sostenidas por un aura lenta de soledad, como si el artista pretendiera recoger la memoria silenciosa de las paredes, las ventanas mudas y las puertas dormidas. Jaime Belda nos demuestra que las ciudades poseen un espíritu por sus esquinas y que son un ser baldío, pero pleno. Respiran, exhalan, bostezan, se quejan y se hacen ovillo en sí mismas, reconociendo el alma del vacío en su osamenta. La pesadez del viento flota pero no se detiene, ni aún en las telarañas de sus rejas, que desfilan o se precipitan hacia el mar. Ni una voz, ni una mirada, solamente el infecundo, enigmático dios del desabrigo.

Rene Nevarez: Chihuahua (Mexico)